Ética fotográfica en fotoperiodismo

De sobras es conocida la ambigüedad del medio fotográfico y de las posibilidades expresivas y documentativas que ofrece.
Desde la prueba forense a hasta la fotografía de autor, la fotografía como medio posibilitador de imágenes,  ocupa una posición de gran relevancia en la forma en la que consumimos la información.

En este sentido, vengo reflexionando sobre un tema que no es nuevo y del que ya se viene hablando hace días en los medios especializados: la ética fotográfica, sobre todo, centrada en el fotoperiodismo.
El fotoperiodismo, es quizás el ámbito fotográfico más denostado y sensible a la manipulación de imágenes.
En este ámbito se abre la brecha entre “información” y  “opinión”, que puede caer finalmente en la “manipulación”.
Su sensibilidad está supeditada a la “fidelidad” o “imparcialidad” que se presuponga a una información dada.
Recuerdo ahora varios casos de “fraude informativo” que han dado la vuelta al mundo, como el de aquel podre animal embadurnado en petróleo para una fotografía que quería impactar y censurar sobre la guerra del Golfo, o aquella en la que a una chica le estaba dando un ataque de ansiedad en medio de una manifestación antiglobalización y a su imagen se le acompañó de una significación totalmente diferente por un fotógrafo avispado…
Hace poco he visto publicada en un medio regional una fotografía panorámica de 360º transformada en una imagen tradicional (bidimensional) con una fuerte deformación de la perspectiva, como ejemplo fidedigno de las últimas nevadas caídas este invierno.

Los límites éticos de la manipulación y la opinión son complejos de establecer, pero ¿no deberían existir en tanto que práctica profesional? o es que realmente… todo el campo es orégano…

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