¿Qué es y para qué sirve la fotografía terapéutica?

Comencemos por el principio. La fotografía terapéutica es una forma de llamar al efecto positivo que tiene hacer o mirar fotografías, y aunque a veces lo haya podido parecer, la fotografía terapéutica no es una técnica o una modalidad como tal. Sólo, es que este efecto a fascinado a muchos profesionales y estos han buscado un nombre para poder hablar sobre este potencial. Estos nombres, a veces parece que hablen de una modalidad de trabajo con fotografías, pero no es exactamente eso. Claro, cuando hablamos de fotografía, todo el mundo sabe a qué nos referimos.

Llevamos ciento cincuenta años fotografiando a nuestras familias, a los planetas, a los insectos y por supuesto, a los eventos sociales de máxima actualidad. Sin embargo, hablar de fotografía terapéutica es algo que todavía genera gran confusión. ¿Cómo puede ser terapéutica la fotografía? ¿Será por una cantidad de fotos que hacemos?, ¿por la forma en que las hacemos?, o quizá ¿por una forma ritualizada de mirar las fotos? En realidad, es algo muy sencillo, pero para descubrirlo tenemos que poner el foco en donde realmente es importante: en que las personas somos visuales, tanto o más que mentales.

 ¿Ves la conexión? La fotografía no es terapéutica en sí misma. Pero las personas, de forma natural nos conectamos con sentimientos, ideas y valores a través de las imágenes. Por ejemplo, mirando unas fotos familiares nos conectamos con sentimientos hacia las personas que allí están o hacia los valores de la familia. Esta conexión emocional es importante y puede ayudarnos a sentirnos mejor, o entender mejor una situación compleja de forma cuasi espontánea.

La fotografía terapéutica es la forma que usamos para poder hablar del potencial de conexión emocional y simbólico de las imágenes

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¿Para qué sirve la fotografía terapéutica?

Sobre todo, sirve para crear el espacio potencial necesario para estas conexiones. De este modo, la fotografía terapéutica sirve para que nos conectemos a nuestro mundo interior y al de los demás. A un nivel más práctico, esto nos sirve a las personas para gestionar nuestros mundos interior y compartido de forma saludable.

Y esto solo es el principio. Luego vienen la cara b de la fotografía, la fotología y muchas más ideas que nos pueden ayudar a sacar partido de esta gran aliada para la vida, el crecimiento personal o incluso la salud mental.

Origen de la fotografía terapéutica

Recuerdo cunado comencé a investigar sobre la fotografía terapéutica allá por el año 2004. Venía de una experiencia que me impactó durante un estudio de caso con personas con trastorno de alimentación en la Universidad de Navarra. Había hecho un primer trabajo basado en imágenes para ayudar a mejorar la calidad de vida de las personas. El primero de muchos trabajos en los que usé la fotografía como agente de cambio participativo, de autoconocimiento e integrativo. En aquel momento no tenía referentes en el uso de imágenes en procesos de acompañamiento, así que comencé a investigar.

En mi primer acercamiento llegué rápidamente hasta terapeutas como Weiser y Krauss que en los años ´70 y ´80 habían usado la fotografía con fines proyectivos, y también hasta una fotógrafa y activista singular, Jo Spence, que había encontrado en la fotografía un medio inmejorable para reconstruir su propia narrativa de vida, a través de una reflexión profunda sobre los valores y los roles que median el contexto social.

Lo que quedaba patente de estos trabajos era que las fotografías podían ser útiles en entornos terapéuticos y al mismo tiempo, en procesos de autoconocimiento, confrontación y crítica social. Esto abría un panorama de posibilidades para un doctorando como lo era yo en los primeros años 2000. Había mucho por revisar y era necesario unir los puntos que estaban a veces inconexos o incompletos. Los años siguientes continué investigando y me topé con algo que parecía haber pasado desapercibido para el contexto investigador terapéutico. Que había otra disciplina que ya había usado la fotografía buscando una comunicación abierta y más profunda. Era la antropología, y venía de la mano de Collier y Collier y la entonces nueva antropología visual.

Si quieres profundizar más en estas ideas y en los orígenes de la fotografía terapéutica, es posible continuar a través de los primeros capítulos del libro El camino de la fotología. Allí, se continúan analizando los orígenes de forma contextualizada y también agrupando los conjuntos de técnicas, objetivos y paradigmas, que hacen posible el efecto terapéutico y participativo del uso de imágenes fotográficas.

Futuro de la fotografía terapéutica

Hace casi 20 años del comienzo de mi investigación sobre la fotografía terapéutica y desde entonces, han pasado muchas cosas. Tantas que casi da vértigo! Hoy muchas personas estamos usando fotografía en procesos de participación, de acompañamiento o investigación. Pero más importante todavía, estamos viviendo en un mundo cada vez más hecho de imágenes. Hoy nuestro mundo es innegablemente visual, y si aceptamos que estamos hablando de un mundo creado por nosotros mismos, quizá, podemos pensar que en el fondo somos seres muy visuales. ¿Será que vivimos en imágenes?

Veamos. Cada día consumimos más y con mayor velocidad fotografías, vídeos y otros tipos de representaciones visuales. En cualquier situación estamos mediados por imágenes y ya no digo nada, desde que comenzó la pandemia. En esta situación, creo que nuestra sociedad está comenzando a necesitar urgentemente un aprendizaje útil sobre el uso y consumo de las imágenes. Las imágenes nos mueven y conmueven cada día. Las usamos para mostrar cualquier cosa, para reconocer ideas, objetivos o emociones y sobre todo para relacionarnos. En definitiva, las imágenes están ocupando nuevos lugares e importancia tanto en nuestras vidas compartidas como en la vida íntima.

Estamos haciendo un uso muy extensivo de la imagen, y ante tanto uso informativo o desinformativo, creo que vale la pena recordar que estas nos ayuda hacer muchas cosas que de otra forma no podríamos, e incluso, en algún momento, pueden facilitar un efecto terapéutico. Por eso, creo firmemente que el futuro de nuestra cultura, para ser más saludable y poder afrontar los retos de un entorno cada vez más visual, necesita más pedagogía visual. Necesitamos urgentemente gestionar el potencial de las imágenes. Son muchos ámbitos los que se ven afectados: sociales, culturales, clínicos, espirituales y personales, y desde todos estos lugares, son muchas las oportunidades que se abren para mejorar las relaciones y la calidad de vida de las personas con las imágenes.

Seguir aprendiendo

La fotografía terapéutica es una forma de llamar al efecto positivo que tiene hacer o mirar fotografías. Si te interesa, es está página web puedes encontrar artículos, experiencias y recursos que facilitan o investigan la fotografía terapéutica; y si quieres formarte en este apasionante campo, en Instituto 8 vas a encontrar los cursos donde comenzar, ampliar tus conocimientos o profesionalizarte en el uso de imágenes como herramienta de facilitación y autoconocimiento. Estas formaciones te prepararán para introducir y gestionar de forma saludable, imágenes en procesos de facilitación, acompañamiento y crecimiento personal.